Pereira pide tregua mientras el Frente Amplio insulta y difama desde su militancia y sus trolls

Hechos 24 de septiembre de 2022 Por Alfredo Lara
Los vaivenes del Frente Amplio. Idas y venidas de Pereira. Su enojo permanente. Las "peleas" con periodistas. Las nostalgias del poder absoluto al que se habían acostumbrado. El rol de oposición. La imposibilidad de comprender que la mayoría de la ciudadanía se sintió defraudada con su gestión. Los errores constantes en tácticas coyunturales que indican la confusión en la estrategia. La ausencia de un liderazgo y de un rumbo definido. El palo en la rueda como única definición política.
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Fernando Pereira fue uno de los dirigentes sindicales que radicalizó sus posiciones políticas desde que el Frente Amplio perdió las elecciones en 2019. Esa actitud, contraria a todo acto del gobierno desde el 1º de marzo de 2020, aún en el inicio de la pandemia, cuando convocó a un caceroleo para protestar por algo indefinido, le significó el pasaporte a la carrera política y a la presidencia del Frente Amplio.

Así reaccionó la izquierda a la derrota electoral. Con un agravamiento de su tradicional resentimiento y un "in crescendo" de su intento permanente de dividir a la sociedad en "buenos" y "malos". El palo en la rueda apenas 20 días después del cambio de gobierno, en medio de una pandemia desconocida que afectaba al mundo y cuya evolución era una incógnita.

En ese momento quedó definida la estrategia de conflicto interminable que el Frente Amplio, copado por un PIT CNT radicalizado, iba a desarrollar durante este período de gobierno.

Las viejas tácticas de la izquierda, un grupo de trabajadores, estudiantes y docentes, en su mayoría comunistas, adoctrinados y entrenados para generar "malestar social" y enfrentamientos en la sociedad: "agudizar las contradicciones". A ellos se sumaban los sindicalistas de las empresas del Estado como ANTEL, ANCAP y ANP, especialmente, paralizando actividades, convocando a paros, marchas y movilizaciones de todo tipo.

Al combo desestabilizador se agregaban los "colectivos" minoritarios, muy movilizados y con importantes apoyos económicos de las estructuras de la "sociedad civil", creadas y fortalecidas durante los 15 años de gobiernos nacionales del Frente Amplio con los más de 30 en el gobierno de la intendencia de Montevideo.

Luego vino la recolección de firmas para convocar a un referéndum contra la Ley de Urgente Consideración, apelando a las mentiras más disparatadas, pese a que el mismo Frente Amplio había votado más de la mitad de los artículos de la ley en el Parlamento.

Allí quedó claro que en la izquierda mandaba el PIT CNT, que el FA había quedado sin liderazgo y sin conducción.

Finalmente, pese a que, con justeza, se juntaron las firmas, la jugada no salió como esperaban los sindicalistas y los atribulados dirigentes del Frente.

Volvieron a perder un referéndum que habían transformado en una elección contra el gobierno.

Luego de dos años y medio de enfrentamiento feroz de la izquierda "a cara de perro" al gobierno de la Coalición Republicana, todo indica que el respaldo a la gestión gubernamental se estabilizó en valores inusuales de alta aprobación por parte de la población.

Y entonces Pereira y compañía, desconcertados y asesorados por el derrotado político español Pablo Iglesias, decidieron cambiar las tácticas.

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El presidente del Frente inició un intento de modificar su perfil de enojado, molesto y confrontativo con todos, incluidos los periodistas que le preguntaban aquello que no le gusta contestar. El PIT CNT ,conducido por un Marcelo Abdala muy devaluado, después de su lamentable experiencia en Punta Carretas, más los desairados dirigentes políticos del Frente Amplio, aceleraban en sus criticas, ironías y falsos relatos sobre un gobierno que en todo momento se mostró mucho más serio, eficaz y responsable en la administración de los asuntos públicos, que cualquiera de las gestiones de la izquierda.

La convocatoria a una reunión de líderes de partidos políticos por parte de Pereira para "bajar los decibeles" y "tratarse con respeto", apareció en medio del escándalo de Charles Carrera durante su gestión en el Ministerio del Interior junto a Bonomi y el hermano de Vázquez.

Las revelaciones sobre la "fiesta policial" y sus consecuencias que dejaron como trágico saldo a un militante del MPP, Víctor Hernández, paralítico y en silla de ruedas, provocaron un golpe al corazón de la escasa credibilidad que le queda al Frente Amplio y en especial al grupo liderado por Mujica.

La denuncia realizada por la víctima y su familia en el programa Santo y Seña más el despliegue abrumador de pruebas y documentos dejaron al descubierto una abusiva utilización de los recursos públicos. Un amargo sabor en muchos militantes y votantes del propio MPP  que provocó una salida calculada de sectores de izquierda moderados, con la intención de contener el malestar que, pese a los apoyos públicos con poca convicción de los compañeros, se generó hacia el interior de la "fuerza política".

Hasta el propio Mujica se despegó de las actitudes del senador Carrera, cuando decidió victimizarse y realizar una denuncia internacional de "acoso y persecución", sin mencionar sus acciones 

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Mientras Pereira se rasgaba las vestiduras pidiendo "respeto y buena educación" en las relaciones del sistema político, militantes y trolls de izquierda en las redes sociales insultaban y difamaban a integrantes del gobierno y de la Coalición Republicana en lo que parecía un acto organizado y planificado cuidadosamente.

Apenas 24 horas después de esa reunión solicitada por Pereira para "bajar los ánimos de enfrentamiento", una foto publicada en Twitter por una conocida emprendedora del Interior del país con el Presidente de la República en su visita a diferentes stands en la Rural del Prado, se convirtió en el más claro ejemplo de la intolerancia y el acoso de sectores fanatizados de la izquierda, dedicados a insultar y descalificar a la mujer empresaria y al propio Presidente. 

La "cultura de la cancelación" que, en varias ocasiones, ha desarrollado la izquierda en Montevideo con otros actores de la sociedad que respaldaron acciones del gobierno, o simplemente se mostraron apoyando actividades institucionales con autoridades nacionales, quedó absolutamente al descubierto.  

Cancelar a una persona significa que un grupo de gente, a veces anónimos, aprovecha la masificación de las redes  y promueve retirar el apoyo social, financiero o moral a personas u organizaciones por acciones o comentarios que consideran reprobables, en una actitud intolerante y fanática que pretende juzgar a los demás, cuando no piensan como ellos.

Lamentable. Y lo hicieron apenas 24 horas después que el presidente del Frente Amplio pretendiera adjudicarse como mérito un llamado a la concordia, al respeto, entre dirigentes y militantes de los partidos políticos uruguayos.

Nulo liderazgo, ningún control de sus propios adherentes.

Los dirigentes sindicales y los políticos de izquierda han logrado confundir a su propia gente. Ya sea por los vaivenes de "como te digo una cosa, te digo la otra", como por las tácticas cambiantes de Pereira y su entorno, que amagan un mensaje "pacifista", mientras sus dirigidos hacen exactamente lo contrario.

Conducción errática, sin rumbo definido, con críticas a la prensa (muchas veces de su propio palo) y a la justicia, cuando precisamente la sensación en gran parte de la población es que importantes sectores de la prensa  como de la Fiscalía y el mismo Poder Judicial, responden con celeridad a los planteos y denuncias del Frente Amplio, y no de otros sectores de la vida nacional.

Charles Carrera tuvo el tupé de hablar de "lawfare" en Uruguay. El planteo que realizó la vicepresidente argentina, Cristina Kirchner, acusada por la Fiscalía del vecino país con amplias pruebas, de ser la jefe de una asociación ilícita que robó unos mil millones de dólares del Estado argentino, mientras desempeñaba la primera magistratura. 

Lawfare: palabra inglesa creada para referirse al ataque contra oponentes políticos utilizando indebidamente los procedimientos legales, para dar apariencia de legalidad.

Otra demostración de la tremenda confusión y el nerviosismo, la falta de liderazgo y de conducción, que demuestran día a día el Frente Amplio, sus dirigentes y militantes.

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