Confidencial

Confirman condena por genocidio camboyano

Luego de casi medio siglo de la caída del sanguinario régimen comunista de Pol Pot, que organizó una demencial revolución, un tribunal especial creado en Camboya para juzgar los “crímenes de lesa humanidad” cometidos por el partido de “Jemmer Rouge” o “Jemer Rojo”, emitió esta semana su sentencia final, rechazando la apelación del último líder vivo, Kieu Samphan.

Saberes 17 de septiembre de 2022 Heraclio Labandera Heraclio Labandera

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Samphan en1975

Pol Pot encarnó una versión de comunismo maoísta que gobernó Camboya durante 16 años, en base a una doctrina marxista que aseveraba que la injusticia social provenía de la cultura burguesa europea que había contaminado al pueblo camboyano.
Camboya es un país milenario que tuvo cerca de 100 años de ocupación colonial francesa. 
Su plataforma revolucionaria predicaba que era necesario volver al primitivismo campesino anterior a la monarquía que gobernó el país por siglos y así en tres lustros, lo retrotrajo a la edad de piedra.
Al tomar el poder, el “Jemer Rojo” obligó a la totalidad de la población a abandonar las ciudades, para vivir en campos de trabajo y reeducación.
Un ejemplo extremo de la demencial revolución que produjo, fue que crónicas de la época sostuvieron que durante su terrorífico gobierno se acusaron de “contrarrevolucionarios” a todos los que usaran lentes, en el entendido de que seguramente habrían leído conceptos de la cultura burguesa indeseable, y por ello debían desaparecer, debido a lo cual aplicaron una peculiar versión de “rifle sanitario” con las personas que supieran leer.
De ese modo, quemaron millones de libros, liquidaron a generaciones enteras de camboyanos instruidos, y no dejaron profesionales vivos en el país.
Como era de esperar, esa brutal versión de comunismo provocó entre 1,7 millones y 2,2 millones de muertos, hasta que una invasión del régimen comunista de Vietnam los derrocó.


Juicio

La retransmisión del juicio por videoconferencia mostró a Kieu Samphan, antiguo jefe de Estado entre 1975 y 1979, durante el régimen del “Jemer Rojo”, con mascarilla de oxígeno y sentado en una silla de ruedas, escuchando impasible a través de auriculares, al juez que reafirmó la cadena perpetua sentenciada en 2018 por el genocidio cometido durante ese período con las minorías vietnamitas.
Esta decisión vino a sumarse a otra condena de cadena perpetua dictada en 2014, por crímenes contra la humanidad.
Con esa decisión, llegaron a su fin las actuaciones del tribunal especial que desde 2006 procesó  a cinco altos dirigentes del Jemer Rojo y condenó a tres, dos de los cuales murieron antes de poder ser condenados.


Ultimo genocida vivo

A sus 91 años, Samphan es el último de los máximos dirigentes vivo del brutal y delirante régimen que costó la vida al 25% de la población camboyana, castigada por hambrunas, extenuación y asesinatos en masa para crear una utopía agraria que dejó vacía la capital camboyana, Nom Pen, fundada en el siglo XV.
Luego de la liberación del régimen por el Ejército vietnamita, en 1979, el mundo comenzó a conocer la magnitud del genocidio polpotiano.
Medios de todas las latitudes mostraron al mundo las montañas de calaveras humanas de víctimas de la Revolución, y se descubrieron las fosas comunes en los campos de exterminio que hoy son tétricos museos pasivos del holocausto.
Nacido en 1931 en una familia burguesa y acomodada, Samphan se doctoró en Ciencias Económicas en París con una tesis anticapitalista, fue el arquitecto de la política agraria del “Jemer Rojo” y terminó siendo su voz intelectual, portavoz y representante oficial, mientras seguía con lealtad a Pol Pot, el ideólogo y jefe histórico de la organización comunista.
El país fue rebautizado como República Democrática de Kampuchea y en 1976 Samphan fue investido como presidente del gobierno revolucionario, al año de que los jemeres rojos asumieran el poder por la fuerza de la violencia.
Otros dos condenados por este tribunal murieron mientras cumplían sus condenas de cadena perpetua.
Fueron Kaing Guek Eav, alias Duch, director del principal centro de interrogaciones y ejecuciones durante el régimen, que falleció en 2020, y el "número 2" del régimen polpotiano, Nuon Chea, que falleció en 2018.
Pero la lentitud del procedimiento judicial camboyano impidió que se juzgaran a otros altos cargos responsables del genocidio, como el exministro de Asuntos Exteriores, Ieng Sary, y a su esposa y exministra de Asuntos Sociales, Ieng Thirith, fallecidos en 2013 y 2015, respectivamente.
El líder supremo de esta Revolución comunista, Pol Pot, nunca fue  juzgado por tribunal alguno, vivió oculto en la selva camboyana y murió en 1998.
Está claro que fuertes intereses conspiraron para que Pol Pot no pasara por estrado alguno, ya que muchos integrantes del actual régimen fueron activos “jemeres rojo”.
De hecho, hubo presiones políticas del gobierno para que el número de procesamientos fuera limitado o se desestimaran juicios de nuevos casos.
Dos casos emblemáticos para entender el motivo de la lentitud puede ser los casos del actual primer ministro del país, Hun Sen, un antiguo jemer rojo y Meas Muth, antiguo jefe de la Marina bajo el régimen comunista, que logró que los jueces declararan nulas las acusaciones por genocidio y crímenes contra la humanidad, ya que interpretaron que no tenía suficiente responsabilidad en los hechos denunciados.

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