Entre este tipo y yo hay algo personal

Hechos 23 de noviembre de 2022 Por Enzima
A pesar de que Joan Manuel Serrat sea ícono de una secta excluyente que acepta como "buenos" solo a los que se alínean con ellos, en la vida hay otras formas más generosas de mirar. Se puede disfrutar de la música y la poesía sin necesidad de pedir a un artista su disciplinamiento político, en particular cuando el sendero se hace con versos clásicos. Nadie es perfecto. Así que mostrar su militancia es necesidad suya, pero para los demás ese extremo no es obligatorio. Por eso es preferible el artista.
59C388D3-970F-4B2E-A3BE-43C95303EE26

Joan Manuel Serrat había anunciado a fines del año pasado que dejaría los escenarios “por la necesidad de recuperar la vida familiar, cumplir con cuestiones íntimas”. Y en el marco de la gira denominada “El vicio de cantar, (1965-2022)”, el lunes 21 de noviembre recibió el premio Mario Benedetti a los Derechos Humanos por parte de la Fundación que lleva ese nombre, posó con una remera de “Todos somos familiares” que le fuera entregada por Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos; preguntado por las  recientes declaraciones de “Ya no soy tan de izquierdas (…)” de su amigo Joaquín Sabina, lo calificó como “inteligente” y que “es un hombre también impulsivo y siempre responsable de lo que dice”. El martes 22, ante una repleta tribuna Olímpica del Estadio Centenario, realizó su última presentación artística en nuestro país. El miércoles 23 almorzó con el expresidente José Mujica y la Senadora Lucía Topolansky y por la tarde recibió el título de Doctor Honoria Causa de la Udelar, que se suma, entre otros, a la “Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio”, que le entregara por su “contribución a la cultura y arte españoles”, el Presidente de España antes de comenzar su gira.

Pero vayamos a su concierto. A dos años de completar su octava década de vida y con más de medio siglo de carrera el cantautor catalán manejó con maestría los tiempos y las emociones del espectáculo que duró unas dos horas y media, entre canciones, diálogos profundos y toques de humor. Entre las bromas que realizó dejó entrever que quizás no fuera el último de sus recitales aquí (lo que me retrotrajo a aquel primer anunciado y publicitado recital de despedida de “Los Olimareños” y que, al final, ya ni recordamos cuántos fueron); hasta jugó, inclusive, con la posibilidad de que ni siquiera llegara al final de éste, aconsejando que guardáramos las entradas que certificaran que habíamos estado allí, en ese preciso momento, aunque no se nos iba a devolver el dinero. Más tarde intentó una especie de rutina sobre la Reina Isabel, su bebida favorita, -el gin tónic- y la familia real y la mujer que “no necesita bañarse cada noche en agua bendita” y bromeó también, después, con quedarse el resto del espectáculo en el sector del escenario en el que había percibido el aroma a marihuana proveniente del público. 

Hizo una sutil alusión a la búsqueda de los desaparecidos cuando contó que no había conocido al abuelo imaginado en una de sus canciones, porque había sido detenido y desaparecido tras el golpe de estado de 1936 y no faltaron viejos éxitos como “Mi niñez”,  “Lucía”, “Mediterráneo”, “No hago otra cosa que pensar en ti”, “Nanas de la cebolla” -poema de Miguel Hernández musicalizado por Alberto Cortez-, “Tu nombre me sabe a hierba”, “Para la libertad”, “Penélope”, “Es caprichoso el azar” -a duo con Úrsula Amargos Rubio-, y tantos otros, la crítica de “Algo personal”, la invitación para escuchar cantar al público con “Esas pequeñas cosas”, la apelación al cuidado del ambiente con su vieja canción “Pare” -interpretada en catalán-, ni el homenaje a Mario Benedetti a la hora de los bises con “Una mujer desnuda y en lo oscuro” y “Defender la alegría” para cerrar la noche con “Esos locos bajitos” y “Fiesta”.

Mientras lo escuchaba, recordé el acierto de la canción de Sabina dedicada a su “primo el Nano” al expresar: “y cuando canta, le tiembla el corazón en la garganta”. 

En suma, una noche espectacular, que debo agradecer a mis “locas” no tan “bajitas” que acertaron al regalarnos por el Día del Padre, las entradas para este tan recordable como disfrutable momento.

Te puede interesar