Confidencial

Medio siglo de la apuesta "peruanista" del FA

Se cumple medio siglo de la jornada que marcó el proceso de ruptura institucional de 1973. También medio siglo del vergonzoso trasvestismo del Frente Amplio, que intentó subirse al proceso de golpismo militar que lo elucubraba, dando apoyos en la convicción de que se gestaba un golpe de estado de izquierda, o como se le conocía, "peruanista", por la dictadura de Perú. Pero el movimiento histórico tuvo un rumbo diferente al que esperaba el FA, lo que no fue óbice para que la izquierda elaborara un relato legendario del que nunca hizo autocrítica. 

Saberes 09 de febrero de 2023 Heraclio Labandera Heraclio Labandera
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El 9 de febrero de 1973 el Ejército y la Fuerza Aérea no aceptaron subordinarse al mando del Poder Ejecutivo y rompieron el orden democrático. El Partido Comunista y el sindicalismo de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT, antecedente del PIT, en su origen llamado PIT-CNT) se ubicaron en el bloque golpista ya que los animaba la convicción de que el quiebre institucional sería un golpe de estado de orientación "peruanista". En ese momento en América del Sur existían dos dictaduras militares de izquierda: el régimen de Velazco Alvarado en Perú, y el de Juan Torres, en Bolivia. El modelo del Perú, en particular, daría inspiración y nombre a ese tipo de experiencias militares apoyadas por los Partidos Comunistas locales y de orientación internacional pro-soviética, es decir, favorables a la matriz del comunismo. En el caso del Perú el modelo socio-económico implementado dentro de la dictadura fue el de "autogestión" y "cogestión", inspirados en el gobierno comunista de la hoy desaparecida Yugoslavia. Ese fue el eslabón perdido que explica el apoyo del Partido Comunista a este tipo de golpes de estado militares. En el caso de Uruguay, en ese momento la conducción del Frente Amplio tenía la convicción que el golpe de estado que se fraguaba en 1973 podía tener orientación "peruanista". La clave serían los comunicados 4 y 7, de las Fuerzas Armadas, que propugnaban en su redacción la instalación de un régimen "autogestionario" y por derivada, proclive al comunismo. Eso explicarían los apoyos de izquierda que se verían en los días sucesivos al golpe de febrero. El diario "El Popular, órgano oficial del Partido Comunista de Uruguay el 11 de febrero de 1973 publicó un editorial planteando que el movimiento militar que propiciaba el golpe era favorable a un proceso “donde caben indudablemente todos los militares patriotas que estén con la causa del pueblo”. Otra nota daba cuenta que para el Partido Comunista los hechos de la ruptura institucional “no invalidan en lo más mínimo la apreciación positiva de esos documentos programáticos (comunicados 4 y 7, ndr) y, más generalmente, de la postura que adoptan las Fuerzas Armadas” (Marcha, 16 de febrero de 1973). Para enriquecer el guión, el entonces senador comunista César Reyes Daglio reivindicó la consigna “más que nunca, obreros, estudiantes y militares”. Pero no fueron ellos solos, porque ningún referente político del FA faltó a la cita. El lider de la Democracia Cristiana, el senador Juan Pablo Terra, llegó a sostener que “los comunicados 4 y 7 han abierto una esperanza”. Queda claro a que lado apoyaban. Por su parte, la CNT tampoco se mantuvo en silencio ante aquel hecho, ya que para el jueves 22 de febrero se convocó "a un gran mitin" bajo la consigna de “La única alternativa: oligarquía por un lado y civiles y militares por otro" (“Ahora”, 17 de febrero de 1973). Y por si faltara algo, el Partido Comunista decidió editar luego de la caída de las Cámaras, en junio, un semanario llamado "9 de febrero" en apoyo al movimiento golpista militar, bajo la dirección de Luis Michelini. Su línea editorial fue totalmente dedicada a alentar al golpe de estado de los militares. El refente para las expectativas zurdas en favor de aquellos militares "peruanistas" fue el general Gregorio "Goyo"  Álvarez, de quién se ansiaba el liderazgo. De ese antecedente del que nunca han vuelto, fue que el FA jamás hizo una pública autocrítica. Un silencio que aún hoy se oye.

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