Confidencial

¿Por qué el FA hizo deberes de los banqueros globales?

Los gobiernos “progresistas”, fueron en realidad gobiernos “endeudistas”. Lograron la genialidad de multiplicar cuatro veces y media el endeudamiento del gobierno que la administración de Jorge Batlle le dejó al Frente Amplio. Los tres gobiernos del FA dejaron al descubierto que su única y verdadera meta era poner a Uruguay a los pies de la Alta Finanza Internacional, la que tantas veces denostó el muros y discursos que al fin y a la postre demostraron ser declaraciones vacías para la tribuna. Pero algunos ahora levantan la voz con el endeudamiento del país.

Saberes 29 de junio de 2022 Heraclio Labandera Heraclio Labandera
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Luego de años de tanto condenar al imperialismo y sus nefastas tramas, el pretendido "progresismo" terminó siendo lisa y llanamente una plataforma de un globalismo que bregaba por diseñar un Gobierno Mundial al servicio de las élites plutocráticas del mundo.
Hace muchos años que grandes ricos del mundo trabajan para crear un Gobierno Mundial -controlado por ellos, ciertamente- capaz de sustituir a los diferentes Gobiernos Nacionales por un único Estado Mundial.
La idea no es nueva, pero cobró su actual cuerpo doctrinal en la década de 1960 cuando el sociólogo canadiense Marshall McLuhan acuñó el término de "Aldea Global", para hacer referencia al empequeñecimiento del mundo derivado de la comunicación inmediata y mundial de todo tipo de información.
Este autor utilizó este concepto en varios de sus libros, "The Gutenberg Galaxy: The Making of Typographic Man" (1962) y "Understanding Media" (1964) , y cobró la mayoría de edad en su opus de 1968, "Guerra y paz en la Aldea Global".
Bien lejos estaba McLuhan de asimilar las dimensiones que cobraría la idea del globalismo con la irrupción de internet y las redes digitales.
La idea de un Gobierno Mundial es el viejo sueño de antiguos imperios como el Persa, el Romano o el Británico, donde el Orden Mundial que surgiese de ese estado de cosas, fuera manejado desde una metrópoli como Persépolis, Roma o Londres, y las actuales naciones pasen a integrar la categoría de Departamentos, Provincias o Colonias dentro de ese nuevo Gobierno Mundial.
La idea actual del globalismo cobró fuerza a finales de la II Guerra Mundial, cuando los países vencedores de la contienda acordaron crear organismos tales como las Naciones Unidas, donde unidades como la Organización Mundial de la Salud (OMS) se organizara como si se tratara -en términos uruguayos- del Ministerio de Salud Pública de ese pretendido Gobierno Mundial, o la Unicef como si fuera una versión aséptica del Inau, o la Unesco como si replicara a nuestro Ministerio de Educación y Cultura.
Y para completar el panorama, se añadieron estructuras de gestión económica como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), como si fueran las versiones globalistas del Banco de la República (Brou) y del Banco Central del Uruguay (BCU), respectivamente.
Bueno, la trama institucional globalista es bastante más compleja, pero valgan estas referencias como una anécdota explicativa.
Sin embargo, el experimento quedó empantanado con la Guerra Fría y el enfrentamiento entre los Estados Unidos y la hoy desaparecida Unión Soviética.
Los poderíos particulares de los países que comandaron el proyecto internacionalista y globalizador, terminaron ganado la pulseada e imponiendo sus intereses nacionales por sobre los esfuerzos de la política global.
En ese momento, los agentes que trabajaban por instalar un Nuevo Orden Mundial promovido por el tan anhelado Gobierno Mundial, perdieron vitaminas políticas y el proyecto fue enviado al freezer.
Sin embargo, las condiciones que promovió en el mundo de postguerra con el neoliberalismo económico rampante, permitieron crear una especie de “gobierno paralelo provisional”, manejado por las finanzas y los bancos que se enriquecieron en base a que las naciones y los Estados-Nación compraron la “genial” idea de financiarse y gobernar adquiriendo deuda externa, primero, o emitiendo bonos de deuda soberana, después, ideas todas que terminan con un único resultado: países eternamente empeñados y Estados quebrados a merced de las terribles políticas del FMI.


El “trabajo sucio” encargado al FA

En ese contexto global, el Frente Amplio llegó al gobierno en el 2005 con un “trabajo sucio” para hacer en secreto: incluir a Uruguay en los planes “experimentales” del Gobierno Mundial.
Mientras que en la vitrina el FA colocó para ganar las elecciones en 2004 toda la parafernalia del carnaval socialista y el discurso de la izquierda marxista clásica, Constanza Moreira incluida, con frases altisonantes como “A desalambrar”, “No al imperialismo”, “Fuera FMI”, “No al pago de la deuda externa”, y otras reivindicaciones de naturaleza antiimperialista, se entregaron prebendas políticas y económicas al PIT CNT, para tenerlos entretenidos y con la barriga y los bolsillos llenos, mientras que en el equipo de abordaje del Estado incluyeron -sin levantar sospecha alguna- a un personaje nefasto para la narrativa del FA, como es Danilo Astori y sus “jóvenes turcos” (Bergara-Lorenzo-Ferreri) que luego conformarían de ejército de “ninjas” del equipo económico que prepararía la entrega nacional.
Esto puede resultar extraño, pero para entenderlo con claridad basta saber que el gobierno de Jorge Batlle, tras pasar la terrible crisis del año 2002, traspasó a Tabaré Vázquez un Estado endeudado en US$ 13:329 millones, y en 13 años de gobiernos del FA bajo la conducción económica de Danilo Astori -siempre en persona o a cargo de su equipo de “ninjas”- empeñó al país en US$ 46.671 millones más de lo que ya se debía, acrecentando la deuda en hasta US$ 60.000 millones.
Y adviértase que la fiesta siguió dos años más.
Esto quiere decir que los gobiernos “progresistas”, fueron en realidad gobiernos “endeudistas”, que lograron la genialidad de multiplicar cuatro veces y media la deuda contraída por el gobierno que Jorge Batlle le dejó al FA.
Para entender un poco más la  naturaleza del problema generado por los gobiernos del FA, baste decir dos ejemplos simples.
El primero, es que cada año de gestión de Danilo Astori, durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez, endeudó al país en un equivalente al dinero que trajo aquel avión que George W. Bush enviado en auxilio de Uruguay, durante el gobierno de Jorge Batlle, en aquel año terrible de 2002
Y segundo, es que el precio de la “pax sindical” lograda por el gobierno del FA, fue una costosa concesión regalada al Partido Comunista del Uruguay (PCU) -que controla todos los resortes del PIT CNT- consistente en crear de la nada un Ministerio especialmente diseñado para los aparatos comunistas,
Sin tener ni un peso en la billetera, Tabaré Vázquez le creó el Mides para el PCU, financiado enteramente con fondos de deuda que Uruguay tomó con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Para que se entienda bien: el BID financió al Mides hasta en la plata usada en los planes sociales, que la ex Secretaria General del PCU, Marina Arismendi, entregó generosamente en los asentamientos.


Eliminar barreras

Por todo esto, es demasiada casualidad que el Frente Amplio dedicara los primeros años de su manejo del Estado, a hacer el “trabajo sucio” de intentar liquidar de forma metódica cualquier resistencia interna a la consolidación de ese poder, y que luego trabajase a cara descubierta para implantar en Uruguay el poderío del dinero sin Patria.
En 2005, el Frente Amplio llegó al gobierno como una aplanadora del país que lo vio nacer, y desde entonces se dedicó con precisión y método a destruir cada una de las barreras que pudieran oponerse a su planificada demolición, sin temor alguno a las contradicciones que sugieran por el camino.
Primero se dedicaron a arrodillar a los partidos fundacionales con el relato de “la corrupción” y “la crisis” que dejaron, mientras los gobernantes del FA iniciaron el saqueo sistemático y sin freno de las empresas públicas, provocaron el cierre de empresas estatales como Pluna, la constelación de colaterales de Ancap, y cuandoi nadie lo esperaba, Rossi -antiguo guarda de ómnibus y luego tesorero de las campañas políticas del FA- profetizó casi al final de la gestión Vázquez que la siguiente empresa pública en caer sería AFE,
La misma AFE que ahora dicen que el gobierno de Luis Lacalle va a liquidar, olvidando quien le dio el tiro de gracia.
Por si fuera poco, gastaron a pérdida total en engendros inviables como Alas U y en varias otras de las “velitas prendidas al socialismo” (dijera José Mujica) encendidas para la fundidera con la plata del Fondes.
Tras hablar desde el siglo pasado de modo sistemático contra “la extranjerización de la tierra”, desde su inicio el gobierno del FA promovió como nadie lo hizo en toda la historia del país, la venta indiscriminada de tierras productivas a empresas multinacionales y firmas extranjeras y piratas, como Aratirí, desplazando de la propiedad del suelo a cientos de miles de productores nacionales que dejaron de generar riqueza de manos uruguayas.
Luego de llenarse la boca por décadas con la invocación de José Artigas como referencia fundacional antimperialista para vender una izquierda nacional que nació muerta, ya en el primer gobierno del FA el mismo presidente Tabaré Vázquez quiso sustituir la celebración de su natalicio (19 de Junio) por un invento del “Nunca Más” y de paso cerrar el Mausoleo de Artigas, lo que se evitó con una pueblada que lo impidió.
Con los gobiernos del FA todas las fechas patrias pasaron a ser ninguneadas y olvidadas, para escarnio de los héroes nacionales sustituidos por íconos nefastos como el despiadado Ernesto Ché Guevara, y toda la colección de terroristas urbanos que pudieron sacralizar.
Luego de llenarse la boca por años reclamando por la “cultura nacional”, se esforzaron hasta lo imposible por empobrecer y destruir la esencia de la escuela pública, sólo preservada por el esfuerzo individual de maestros con magros sueldos pero gran espíritu de servicio.
Convirtieron en un gran fracaso a la educación secundaria y la educación técnica, apenas sostenida por el esfuerzo individual de profesores que soportan pésimos sueldos con una noble vocación de enseñanza.
Y ni que hablar los sueldos de los profesores universitarios, para terminar con un país vulgarizado por la mediocridad de un Raúl Sendic, que se vanagloria de un título que no tiene, o ordinariez de que hicieron gala gobernantes como José Mujica o Lucía
 Topolansky, que usaron la tribuna de su cargo para insultar de modo soez a todo el que se le ocurriera, o explicar de la peor manera a la muchachada que se quiere educar sobre las flatulencias de las vacas como hizo con pésimo gusto y educación la primera dama Lucía Topolasnsky.
Y mientras todo eso ocurría, el contador Danilo Astori preparaba a la sordina las más crueles de las traiciones que ha cometido el Frente Amplio para entregar al país a la banca financiera internacional: el monstruoso crecimiento de la deuda soberana, y la eliminación del peso como moneda de circulación nacional a través de la “bancarización forzosa” a que sometió al país.
Como patrocinó una reforma fiscal que desalienta al que quiere trabajar más, y dejó una frutilla para los que ya no pueden trabajar: el IASS a los jubilados.
Fue una gran burla que nunca hay que olvidar: se juntaron firmas contra el cobro del IRPF a las jubilaciones, se consiguieron, y cuando la ley les iba a impedir el atropello, Astori mandó el mismo proyecto de ley al Parlamento, creando el mismo impuesto pero con otro nombre: el IASS.
Por eso da un poco de risa ese video que circula en las redes, reconociendo compungido que el Frente Amplio también se cometieron actos de corrupción.
Hay que hacer memoria de la carga antinacional de que Astori hizo gala.